Por el equipo de Sterling Oak · Revisado por Yassin El Ghoufairi, colegiado nº 3984 · Actualizado el 1 de septiembre de 2026
Comprar una empresa no es comprar un balance — es comprar también sus contratos pendientes, sus deudas ocultas, sus litigios en marcha y sus compromisos con empleados. La due diligence es precisamente el proceso de revisar todo eso antes de firmar, no después.
Contratos vigentes con clientes y proveedores, litigios en curso o amenazados, licencias y permisos necesarios para operar, propiedad intelectual e industrial, y si existen cláusulas de cambio de control que se activarían con la compraventa.
Cuentas anuales de los últimos ejercicios, deudas y avales, cuentas por cobrar y por pagar, y si el EBITDA reportado se sostiene al revisarlo con detalle o incluye ajustes poco claros.
Plantilla actual y tipo de contratos, convenios colectivos aplicables, contingencias pendientes con la Seguridad Social, y compromisos adquiridos (indemnizaciones pactadas, planes de pensiones, acuerdos verbales no documentados).
Inspecciones tributarias abiertas o recientes, deudas fiscales pendientes, y si existen contingencias fiscales que podrían aflorar después de la compra y que pasarían a ser responsabilidad del comprador.
Estructura real de capital (quién es socio de verdad, no solo quién figura), pactos de socios vigentes, y si existen cargas o gravámenes sobre las participaciones que se van a adquirir.
Acuerdo de confidencialidad (NDA) → carta de intenciones con las condiciones principales → checklist de documentación a revisar → informe de due diligence con hallazgos y riesgos → ajuste del precio o de las garantías del contrato de compraventa según lo encontrado.
Siempre que la operación implique un importe relevante. El coste de una due diligence bien hecha suele ser una fracción pequeña del riesgo que evita. Es uno de los procesos que coordinamos de principio a fin en consultoría de negocio, con el equipo legal integrado desde el primer momento.
Depende mucho del tamaño de la empresa y de lo ordenada que esté su documentación — desde unas pocas semanas hasta varios meses en operaciones complejas.
La profundidad puede ajustarse al tamaño de la operación, pero renunciar a ella por completo suele ser un ahorro que sale caro después.
Puede llevar a renegociar el precio, exigir garantías adicionales en el contrato, o directamente a no seguir adelante con la operación — para eso sirve, precisamente.